Mi adorable silla diminuta

Cuando era niña recibí un regalo muy especial de parte de mi abuela paterna, que en paz descanse. Aún lo conservo, porque esa es la costumbre que tenemos todos en la casa, de conservar los objetos por mucho tiempo y cuidarlos para alargarles la vida útil, pero esa no es la única razón porque todavía sirve así que no vale la pena botarlo. Ni hablar de regalarlo porque eso si me dolería mucho más, sobre todo porque aún la uso:

Esa es mi silla. Es bastante pequeña, ideal para un niño. Ya sé que no soy ninguna niña pero esa silla me saca de apuros. Por ejempo, la uso dentro del baño para no estar de pie mucho tiempo cuando lo estoy lavando, además es perfecta para eso porque puedo moverme, inclinarme y limpiar sin que se me cansan mucho las piernas, lo que ocurriría si estuviera mucho tiempo agachada.

Edad de la silla: más de 20 años. Le ha tocado vivir todo tipo de situaciones, las cuales incluyen la pintada interna de la casa. Por eso es que esta manchada de pintura por todas partes, prueba de que en verdad ha sido muy pero muy útil, no solo para mí, sino para el resto de la familia. Es que en realidad, por su tamaño y forma, resulta bastante conveniente para varias tareas, entre esas, ponerla en frente para levantar los pies. Quien más la usa de esa manera es mi abuelo.

Quiero mucho esa silla y por eso es que me enojé mucho cuando un día, hace ya varios años, le vi un rayón con lapicero rojo. Se notaba que lo había hecho un niño, y como en ese tiempo acá llegaban mucho mis primas con sus hijos a visitar a mi mamá, sabía que uno de ellos tenía que ser el culpable. Mi tía me dijo que en efecto, vio cuando la hija de Enith jugaba con un lapicero rojo al lado de la silla. Pobrecita por ellla, no tenía ni idea de con quien se había metido.

Un día estaba yo sentada afuera con la silla y mi madre estaba al lado. En eso, viene Enith con su adorable hija que en ese tiempo creo que tenía unos 9 o 10 años de edad, lo cual para mí era totalmente irrelevante porque le iba a dar su merecido. No habían entrado a la terraza, no habían pasado la reja de la casa cuando empezé a pedir explicaciones. Cuando entraron, seguí reprochándole a las dos, hija y madre, por haberme dañado la silla. En verdad me dio mucha rabia. En ese tiempo mi carácter no estaba tan firme como ahora, así que en realidad no las trate tan mal como lo hubiese hecho en un día como  hoy. Que lástima, eso me hubiese encantado.

Mi madre no dijo nada, solo miraba y escuchaba lo que yo decía. Enith intento disculparse pero eso para mí no era suficiente, aunque tampoco había mucho que hacer porque un rayón de lapicero es muy  difícil de quitar. Además, no estabamos hablando de una camiseta que con algún detergente especial podría salvarse, era una silla recubierta de piel de vaca. Me costó un poco de tiempo reponerme de esa pero ya gracias a Dios eso pasó, aunque ahí tiene ese recuerdito.

Ahí está mi silla. Pasa el tiempo y ella sigue fiel y constante, inmutable. La verdad la única forma de deshacerme de ella es que yo me muera y ahí si queda en manos de quien primero la quiera y se la lleve o la regalen, porque mientas yo esté con vida nadie la tendrá.

 

2 Responses to “Mi adorable silla diminuta”

  1. This chair means a lot to you, we all have a favorite thing, no matter how old the thing is we keep it, my favorite thing is my racing car that my father gave me, even if a lot of boys want to have it, I still keep it because it has a very high sentimental value

    Zero Dramas

  2. misslego dice:

    Exactly, and those are things that certain people can’t understand, specially relative that are right after you just for material things.

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