Gigantes de acero

Tenía tanto pero tanto tiempo sin ir a cine que ayer sin pensarlo dos veces fui, además porque hay una buena gama de películas interesantes y y era hora de distraerme de alguna forma, tenía que salir de la rutina y este plan es económico. Fui sola, como lo he venido haciendo este año.

Gigantes de acero, una muy buena opción para ir al cine, una película muy bien hecha, apoyada en las bondades de lo último en tecnología, la creme de la creme; parece como si en realidad se hubiesen invertido unos 4o mil dolarés por cada robot que aparece en la pantalla. Es muy, pero muy difícil de ver la delgada línea entre lo que es real y lo que es computarizado, de forma que estas máquinas aparecen como si fueran juguetes de verdad.

Quedé encantada con ese cuento del boxeo entre robots hasta tal punto que me pregunté por un momento si en algún lugar del planeta ya esto es una realidad que no ha sido descubierta por los medios de comunicación,  o simplemente se ha mantenido bajo secreto por las autoridades competentes o grupos poderosos dueños de tal espectáculo.

Creo que sería emocionante estar de verdad sentada en primera fila observando una batalla campal entre dos robots fabricados con tal tecnólogía y tan espectacular diseño que pareciera como si se tratara de humanos con super poderes.  Desde que empezó la película lo que yo quería ver era acción y más acción, me sentí de verdad totalmente atraida  por un espectáculo como esos, y además,  hasta deseé tener un robot de esos; lo mejor de lo mejor.

Si tal cosa se hiciera en verdad, tendría yo que tener mucho dinero para pertenecer a esa círculo social, si es que se puede decir así. Si no puedo apostar por ninguno de los contrincantes, por lo menos podría entrar a ver el espectáculo que de verdad, tiene mucha acción, alta dosis de adrenalina y emoción. Recomendado para todos.

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