La búsqueda incanzable de un dulce

Desde hace un par de semanas he estado buscando intensamente, sin cansancio y con desespero cruel, una deliciosa porción de uno de los postres más exquisitos que haya probado en la vida: el postre tiramisu. Desde la primera vez que lo probé hace mucho tiempo quedé enamorada de esa delicia y supe que tenía que añadirlo a la lista de cosas deliciosas por comer.

No es que no lo haya en ninguna parte, lo que pasa es que yo no tengo la chequera de Katie Holmes para ir a uno de esos finos restaurantes a comer ese manjar. En los sitios un poco más accesibles para el gran número de personas con poca capacidad adquisitiva no lo venden. Hay unas dos o tres reposterías que si lo hacen pero no todo el tiempo.

Varias veces llegué a uno de esas, donde cierto día lo vi pero no lo compré porque acababa de comer helado, así que me dije a mí misma que para la próxima lo compraría. Llegó esa proxima vez y no lo tenían. Luego otro día volví y tampoco lo tenían. Luego otro día y otra vez me quedé con las ganas. Tal vez no es el más pedido de todos, por eso no lo hacen todos los días. Dios, creo que más personas deberían saber apreciar los mejores postres.

Hoy estaba cerca de ese lugar así que decidir llegar, todavía con la esperanza de tener ese dulce encuentro que ha sido postergado tantas veces; el mundo no nos deja unirnos. Pregunté que postres había, la chica abrió la puerta del refrigerador y me mostró. Entre esos había uno que se veía diferente a los demás y algo me hizo pensar que era mi adorable y siempre bueno tiramisu. Pregunté y si! en efecto era tiramisu. Dios fue bueno conmigo. Lo compré de una y me senté a degustarlo con muchas ganas.

No sé si era si fue la ansiedad, o la emoción, o el desespero o las grandes ilusiones que me hice cuando por fin me viera cara a cara con ese postre, pero cuando iba por la tercera cucharada algo me desencantó. Es cierto que ese no era para nada como el que había probado antes, por primera vez, ni tampoco como el que comí una única vez que fui invitada a un restaurante elegante; de hecho, las tres versiones eran totalmente diferentes entre sí. Este versión, sin embargo, no me pareció mejor que las otras.

Parecía una desilusión. Tanto desearlo para que no resultara exactamente como me lo imaginé. Las versiones del postre que comí en otras ocasiones eran mejores que esta. No lo iba a botar, probé un poco más y luego pedí que me lo envolvieran para llevarmelo a casa. El postre no estaba mal, solo era diferente.

Una vez más queda comprobado que aveces lo que uno quiere no es exactamente lo que uno necesita, o en el peor de los casos, lo que uno tanto anhela resulta no ser tan maravilloso como se pensaba.

2 Responses to “La búsqueda incanzable de un dulce”

  1. Anna dice:

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  2. misslego dice:

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