Y aquí voy

Vaya, acabo de darme cuenta que hace exactamente un mes hice una entrada en el blog. No pensé que había pasado tanto tiempo. Estoy anonadada. La verdad es que he estado perdiendo el tiempo en tonterías cuando pude haberlo utilizado perfectamente para exponer mis ideas en la internet. Ya  eso esta en el pasado, trataré de no repetir eso. Por mi propio bien.

Me alegra que aún tenga mis manos y brazos en su estado natural, es decir, sin dolor, porque de la cintura para abajo estoy que muero de dolor. ¿La razón? me reintegré al gimnasio despúes de estar lejos por un año y un mes! eso es demasiado tiempo pero no podía hacer otra cosa, las circunstancias en ese momento no me permitieron continuar con mi entrenamiento que ya llevaba más de 7 años de seguido. Esto es lo que más me motivó a seguir ejercitándome, no puedo tirar por la borda todo ese trabajo intenso y con disciplina.

Yo sabía que no iba a ser sencillo, sabía que iba a estar adolorida, pero no así, tan tan maltratada. Empecé el martes, hoy fue mi tercer día y casi que no, porque llamé al entrenador a decirle que el dolor me tenía tan tesa que hasta caminaba como un robot, y ni hablar de lo mucho que sufro al sentarme o pararme. El me aconsejó ir para intentar unos estiramientos que podían calmar mi malestar. Yo sé que el dolor se va con el ejercicio, he aprendido tanto, pero es que es demasiado, no estoy exagerando.

La rutina esta suave, es cierto, pero el impacto en mi cuerpo ha sido gigante. Hay veces que el dolor es delicioso pero este no lo es porque me limita mucho, es horrendo. Espero que para el sábado ya esté mucho mejor y todo vuelva a la normalidad para seguir con mi vida porque en estos días hasta la ida al baño es toda una odisea; mis piernas están más tesas que un poste de luz pública, y claro, en dolor permanente.

Afortunadamente Dios es muy bueno conmigo. Hoy cuando terminé mi rutina, uno de mis “compañeros de gym” me  preguntó que si me podía llevar a mi casa en su carro. No sé si es que se dio cuenta de la tragedia que estaba viviendo pero, no vacilé en aceptar su propuesta. Yo vivo cerca y siempre llego al gym caminando pero esto era lo que necesitaba. Casi a la salida, el entrenador le dijo “hey si llevala, que está malita”. Si, admito que me consienten un poco. Me lo merezco.

Tomé un par de analgésicos para tratar de calmar el dolor. Espero que para mañana sea menos de lo contrario este fin de semana no va a ser muy halagador. No tengo nada planeado pero hasta el descanso se vuelve un tormento si el cuerpo no está en su mejor condición.

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